Día: mayo 9, 2014

CUANDO SE AMA

CUANDO SE AMA

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Decirle a alguien

      que le amas es algo que viene del corazón, el primer lugar que te hizo amarle, desde el principio. Es algo imposible de describir, nace con una mirada, crece al conocerse y se nutre de cada momento, cada palabra, cada mirada…
      El amar a una persona es ser paciente y amable, no es ser celoso ni arrogante, ni orgulloso o agresivo. El amor no es ciego, sólo mira lo que realmente importa… aquello por lo que ha nacido en el primer lugar, a él no le importa ni el color ni el tamaño, si tiene pobreza o riqueza, obesidad o delgadez, atributos bonitos o feos, sólo importa lo que hay dentro… quien es esa persona en verdad.

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      El amor no es ciego, ni sordo, ni estúpido, de hecho mira más allá de lo que jamás dirá. Va más allá de uno y muestra quien de verdad somos a esa persona. Estar enamorados requiere ver a esa persona como de verdad es; amar es conocer todo lo bueno y malo y aun así quererle por quien es. El amor no es siempre color de rosa, porque no puedes tener amor sin dolor; el sacrificio es parte de lo que significa amar a alguien, ya que si no tienes disposición a sacrificarte por esa persona pues simplemente no la amas.
      Amar es poder confiar el uno en el otro, saber que al igual recibiríamos una bala por esa persona, y que ésta también estará dispuesta a hacerlo; saber que sin importar que esa persona estará ahí contra viento y marea. Amar es hacer que lo imposible sea posible para que esa persona amada esté feliz.

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    Amar significa tener fuertes e inquebrantables sentimientos por un mejor amigo, familia o por la persona con quien estés en la relación romántica. El amor es un sentimiento que representa afecto infinito hacia la persona querida en tu corazón.
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EL VIEJO ARBOL

EL VIEJO ÁRBOL

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Había una vez un árbol… y el árbol amaba a un niño… y el muchacho venía todos los días y cogía sus hojas. Y con ellas hacía coronas e imaginaba ser el rey del bosque… y trepaba por su tronco… y se colgaba de sus ramas… y comía manzanas… y jugaba al escondite… y cuando se cansaba se dormía a la sombra… y el muchacho amaba muchísimo al árbol… y el árbol era feliz… pero el tiempo pasaba… y el muchacho crecía… y el árbol, con frecuencia estaba solo…

Un día el muchacho se acerco al árbol y éste le dijo:

-Ven, muchacho trepa por mi tronco y colúmpiate en mis ramas y come manzanas y juega en mi sombra y sé feliz…

– Soy demasiado grande para trepar y jugar – dijo el muchacho -. Necesito dinero. ¿Puedes darme un poco de dinero?

– Lo siento – dijo el árbol -, pero no tengo dinero. Solo tengo unas hojas y manzanas. Coge las manzanas, muchacho, y véndelas en el mercado de la ciudad. Entonces tendrás dinero y serás feliz…

En seguida, el muchacho subió al árbol, cogió sus manzanas y se las llevó. Y el árbol fue feliz… y el muchacho se alejó. Se fue muy lejos sin poder ver al árbol… y el árbol estaba triste… y un buen día el muchacho volvió… y el árbol se estremeció de alegría y dijo:

– Ven, muchacho, y trepa por mi tronco y colúmpiate en mis ramas y se feliz.

– Estoy demasiado atareado – dijo el muchacho – para trepar por tu tronco. Necesito una casa para cobijarme. Necesito calor como el comer. Quiero una esposa, quiero tener hijos y por eso necesito una casa.

– Yo no tengo casa – dijo el árbol -. El bosque es mi casa. Pero tu puedes cortar mis ramas y construir una casa. Entonces serás feliz…

Y el muchacho cortó sus ramas… las llevó para construir una casa… y el árbol era feliz… y el muchacho se fue lejos y no pudo ver más al árbol por mucho tiempo…

Y cuando el muchacho regresó… el árbol no podía hablar, cargado de emoción.

– Ven, muchacho – balbuceó -, ven a jugar.

– Soy demasiado viejo y asediado por la tristeza para jugar – dijo el muchacho -. Necesito un barco que me lleve muy lejos de aquí. ¿Me puedes dar un barco?

– Corta mi tronco y fabrica un barco – dijo el árbol -. Luego podrás navegar hasta playas lejanas… y serás feliz…

Y el árbol era feliz…, aunque no enteramente… le faltaba compañía… y después de mucho tiempo…, el muchacho regreso de nuevo.

– Lo siento muchacho – dijo el árbol -. Pero no me queda nada… mis manzanas desaparecieron.

– Mis dientes son demasiado débiles para comer manzanas – dijo el muchacho

– Mis ramas… han desaparecido – dijo el árbol -. Ya no puedes columpiarte en ellas.

– Soy demasiado viejo para columpiarme en ellas – dijo el muchacho -.

– Mi tronco ha desaparecido – dijo el árbol -. Ya no puedes trepar.

– Estoy demasiado cansado para trepar -dijo el muchacho -.

– Lo siento – sollozó el árbol -. Quisiera darte algo… pero ya no me queda nada… solo un raigón. Lo siento…

– Ahora necesito muy pocas cosas – dijo el muchacho -. Solo un lugar tranquilo para sentarme y descansar… Estoy demasiado cansado…

– Bueno – dijo el árbol enderezándose todo o que pudo con gran esfuerzo -. Bueno, sientate. Un viejo raigón solo sirve para asiento y descanso… ven, siéntate…

Y el muchacho lo hizo… y el árbol era feliz…, feliz…, feliz.

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Extraído de “The Given Tree” o “EL ÁRBOL GENEROSO”
Autor: ©Shel Silverstein

BIENAVENTURANZAS DE LOS ABUELOS

POR AMOR A ELLOS.
BIENAVENTURANZAS DE LOS ABUELOS

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Benditos los que son capaces de comprender que me tiembla el pulso y que mis pasos son lentos y vacilantes.
Benditos los que se acuerdan de que mis oídos ya no oyen bien y que a veces no entiendo todo.

Benditos los que saben que mis ojos ya no ven bien, y no se impacientan cuando se me cae algo de las manos y se rompe.

Benditos los que no se avergüenzan de mi torpeza al comer y me hacen un lugar en la mesa familiar.

Benditos los que me escuchan aunque les cuente mil veces el mismo cuento, o los mismos recuerdos de mi juventud.

Benditos los que no me hacen sentir de más y me demuestran su afecto con delicadeza y respeto.

Benditos los que encuentran tiempo para estar a mi lado y enjugar mis lágrimas.

Benditos los que me tiendan su mano cuando me llegue la noche y deba presentarme ante Dios.